febrero 22, 2024

Discurso de unamuno en la universidad de salamanca

Discurso sobre la guerra

El presente ensayo recoge la única traducción existente de un célebre discurso pronunciado por Don Miguel de Unamuno y Jugo, en el ritual anual de inicio de curso de la Universidad de Salamanca. Dado que ese día se celebraba su renuncia al rectorado de la universidad y su nombramiento honorífico como rector vitalicio, Unamuno compuso su discurso para resumir el viaje literario de su alma por este mundo. En él, el erudito y poeta presenta efectivamente la vida que eligió como una vocación retórica -en consecuencia, hace afirmaciones como «el hombre es el animal que habla», (una afirmación que resuena con Kenneth Burke) y «la palabra hablada es acción» (una afirmación que está en el corazón de una tradición de 100 años en la teoría del acto de habla). Así pues, los estudiosos de la comunicación podrían verse estimulados por sus ideas e influidos por su relevancia para la retórica y la comunicación. El traductor ofrece un ensayo preliminar, «La comunicación como compromiso dialéctico con el devenir», junto con una versión corregida del original español de código abierto de la traducción de Unamuno en un apéndice.

Abajo la inteligencia, viva la muerte

Parecía que los fascistas ya habían ganado en Salamanca. Era el 12 de octubre de 1936, y el ejército nacionalista de Franco había controlado la ciudad durante meses; hoy, celebraban su visión de la identidad española con un acto ceremonial en la universidad. Sin embargo, una figura influyente estaba a punto de expresar su desacuerdo. Mientras escuchaba a los orgullosos oradores -evocando los esplendores del imperio español, despotricando contra la amenaza de comunistas y socialistas, y describiendo a catalanes y vascos como componentes de una «anti-España»- el escritor español Miguel de Unamuno comenzó a garabatear notas en un papel sacado de su bolsillo. Luego se levantó para pronunciar un discurso improvisado. Denunció la retórica excluyente, recordando a sus oyentes -altos oficiales fascistas entre ellos- que él era vasco y el obispo que se sentaba a su lado en el escenario era catalán. Contra los gritos de protesta del general José Millán-Astray y las repeticiones del lema de la Legión Española «¡Viva la muerte!» Unamuno -supuestamente- declaró: «Venceréis, pero no convenceréis». «Venceréis, pero no convenceréis».

Discurso sobre la guerra civil española

Han pasado 82 años desde el acalorado intercambio público entre el escritor y filósofo español Miguel de Unamuno y el general nacionalista José Millán Astray en el Paraninfo de la antigua Universidad de Salamanca de la que Unamuno era rector, apenas tres meses después de iniciada la Guerra Civil española y en las últimas semanas de la vida de Unamuno.

Raramente alejado de los oídos o de la vista del público en la España de su tiempo, Miguel de Unamuno, catedrático de griego, fue un lector voraz y un escritor prolífico, un orador y ensayista persistente, y una voz provocadora en la prensa. Habiéndose erigido en un despertador de mentes y espíritus, un «agitador de espíritus», fue exiliado por el dictador Primo de Rivera en 1924 y siguió llamando la atención; fue «rescatado» en barco de la isla de Fuerteventura y trasladado a París a instancias del periódico francés Le Quotidien.

Unamuno permaneció fuera de España durante seis años y siguió escribiendo hasta su regreso en 1931. El encuentro en Salamanca con Millán Astray tuvo lugar cinco años después, el 12 de octubre de 1936, y fue seguido de un arresto domiciliario que sólo concluiría con su muerte el 31 de diciembre de ese mismo año.    La vida de Unamuno, muy pública y compleja, ha fascinado a los críticos desde entonces, generando interpretaciones contradictorias.

Discurso de unamuno en la universidad de salamanca online

‘Unamuno murió de repente, como quien muere en la guerra. ¿Contra quién? Quizá contra él mismo; y también, aunque muchos no lo crean, contra los hombres que vendieron España y traicionaron a su pueblo. ¿Contra el propio pueblo? Nunca lo he creído ni lo creeré».

El Salón de Ceremonias de la Universidad de Salamanca es una amplia sala, utilizada sólo en ocasiones formales, solemne, austera, con las paredes colgadas de tapices. A través de los enormes ventanales entra un resplandeciente torrente de luz iridiscente que profundiza el brillo ambarino de las centenarias piedras del zócalo. Este era el escenario.

Allí estaban en el estrado presidencial la calota púrpura, el anillo de amatista y la reluciente cruz pectoral del Ilustrísimo Señor Doctor Pla y Daniel, Obispo de la Diócesis; las ropas deslucidas de los Magistrados; el profuso brillo del trenzado de oro militar junto a las cruces y medallas exhibidas en pechos presuntuosamente abultados; el chaquetón, resaltado por solapas de raso negro, de Su Excelencia el Gobernador Civil de la Provincia; y todo ello rodeado -¿para honrar o para abrumar? -al hombre cuyo orgullo en su incorruptible conciencia española era firme y recto: Miguel de Unamuno y Jugo, el Rector.